Me pongo a escribir esto en medio del shock en el que he quedado después de enterarme del fallecimiento del ex presidente de la República, Néstor Kirchner. Como todos saben, debería estar enfrascado entre mis libros y mis apuntes, escribiendo y ganándole horas al día para estar tranquilo a la noche, pero no puedo. Se me complica mucho estar con el cuerpo en un lado, y la cabeza y el corazón en otro.
Desde el punto de vista personal, y para no faltar a la verdad, debo reconocer que el modus operandi de la política peronista y kirchnerista nunca me sedujeron. Sin embargo con el correr del tiempo, probablemente con el avance de mi carrera universitaria, fui entendiendo algunas cosas sobre el manejo de la política y la militancia, sobre la búsqueda de alianzas, los pactos, el funcionamiento parlamentario y los apoyos populares. Y hoy, jueves 28 de octubre de 2010, puedo decir que Argentina ha perdido a un hombre de política. Un zoon politikon de verdad. Y me apena.
Por otro lado tengo la certeza de que su gobierno y el que ahora encara con mucha valentía y coraje su señora esposa desde la presidencia, han sido como mínimo destacables desde el punto de vista de los logros. Y por qué no también desde el coraje y valentía que solo tienen las personas con ideas y convicciones fuertes. Y por ese lado también me apena.
No es mi intención ponerme a discutir qué otras cosas están pasando, y en qué se debería trabajar más o qué tiene prioridad. No es necesario y no me parece oportuno. No soy yo quien transita las calles de mi Argentina querida a diario, eso que muchos me hacen notar para desacreditar mi palabra a la hora de opinar. No creo en que el gobierno haya sido y sea perfecto y si hace falta repetir, lo repito. Pero sí creo, y estoy convencido de eso, de que este gobierno encaró las reformas más difíciles y más necesarias que se debían, y se deben hacer, si lo que queremos es un país con miras al futuro.
No, no voy a hablar de la oposición impresentable en un día como hoy. No les voy a dar el gusto a todos esos que mientras salían a dar las condolencias, estaban sentados con su equipo para ver qué hacer ante esta ventana de oportunidad política que se abrió. No quiero desperdiciar en ellos que van siempre en contra del pueblo, y que el pueblo siempre perdona y recupera en época de vacas gordas, las líneas que me quedan. Sólo quiero decirles que el vacío que queda no lo van a poder llenar tan fácil. Hoy en día son contados los hombres de política de verdad como él, y los hombres con su cintura, garra y carisma. Este vació lo tenemos que llenar todos. Y tenemos que pensar, de una buena vez, qué queremos como país a largo plazo. Basta de mediocres cortoplacistas, no necesitamos más palabras vacías y descalificadoras, de parte de tipos que lo único que saben hacer es eso, deshacer.
Hoy, tenemos la suerte de contar con una persona en el gobierno con muchísima inteligencia y capacidad, que ha perdido a su compañero de toda la vida. Y debemos apoyarla, porque es nuestra presidenta. Nuestra, de nuestro país. Mi país, ese que me queda lejos pero que siento, entiendo y me enorgullece en muchos sentidos, pero que me avergüenza en tantos otros. Y después, qué importa del después. La ciudadanía ya dirá mediante su voto qué rumbo tiene que seguir el país. Si queremos continuar con un modelo, o cambiar a otro. Yo ya sé que tipo de país quiero, y pienso que hay que trabajar en pos de eso. Trabajar y construir, nunca destruir, y que lo tengan bien en claro los destructores de siempre. No tenemos que olvidar que muchos de quienes hoy nos hablan de todo lo mal que está el país, fueron responsables o cómplices directos de su degradación total.
Y me vuelvo a mis libros angustiado, porque todavía no era tu momento Néstor. Porque todavía hay muchos frentes abiertos, y muchas batallas políticas que ganar. Confío en Cristina, porque en el fondo todos sabemos que la última palabra siempre la tiene el hombre y es “Sí, querida”. Y porque tiene cojones, y mucho mejor ubicados que muchos hombres del medio.
Los dejo, me despido de vos Néstor agradeciéndote las cosas buenas que hiciste y todavía recriminándote esas que hiciste mal, pero con la convicción de que dejaste un país mucho mejor del que recibiste cuando te pasaron el bastión. Y creyendo, convencido, de que un país no se arma en 4 u 8 años, así que espero que los que vengan estén a la altura de las circunstancias y cuando les llegue su turno, construyan siempre hacia arriba.
Desde el punto de vista personal, y para no faltar a la verdad, debo reconocer que el modus operandi de la política peronista y kirchnerista nunca me sedujeron. Sin embargo con el correr del tiempo, probablemente con el avance de mi carrera universitaria, fui entendiendo algunas cosas sobre el manejo de la política y la militancia, sobre la búsqueda de alianzas, los pactos, el funcionamiento parlamentario y los apoyos populares. Y hoy, jueves 28 de octubre de 2010, puedo decir que Argentina ha perdido a un hombre de política. Un zoon politikon de verdad. Y me apena.
Por otro lado tengo la certeza de que su gobierno y el que ahora encara con mucha valentía y coraje su señora esposa desde la presidencia, han sido como mínimo destacables desde el punto de vista de los logros. Y por qué no también desde el coraje y valentía que solo tienen las personas con ideas y convicciones fuertes. Y por ese lado también me apena.
No es mi intención ponerme a discutir qué otras cosas están pasando, y en qué se debería trabajar más o qué tiene prioridad. No es necesario y no me parece oportuno. No soy yo quien transita las calles de mi Argentina querida a diario, eso que muchos me hacen notar para desacreditar mi palabra a la hora de opinar. No creo en que el gobierno haya sido y sea perfecto y si hace falta repetir, lo repito. Pero sí creo, y estoy convencido de eso, de que este gobierno encaró las reformas más difíciles y más necesarias que se debían, y se deben hacer, si lo que queremos es un país con miras al futuro.
No, no voy a hablar de la oposición impresentable en un día como hoy. No les voy a dar el gusto a todos esos que mientras salían a dar las condolencias, estaban sentados con su equipo para ver qué hacer ante esta ventana de oportunidad política que se abrió. No quiero desperdiciar en ellos que van siempre en contra del pueblo, y que el pueblo siempre perdona y recupera en época de vacas gordas, las líneas que me quedan. Sólo quiero decirles que el vacío que queda no lo van a poder llenar tan fácil. Hoy en día son contados los hombres de política de verdad como él, y los hombres con su cintura, garra y carisma. Este vació lo tenemos que llenar todos. Y tenemos que pensar, de una buena vez, qué queremos como país a largo plazo. Basta de mediocres cortoplacistas, no necesitamos más palabras vacías y descalificadoras, de parte de tipos que lo único que saben hacer es eso, deshacer.
Hoy, tenemos la suerte de contar con una persona en el gobierno con muchísima inteligencia y capacidad, que ha perdido a su compañero de toda la vida. Y debemos apoyarla, porque es nuestra presidenta. Nuestra, de nuestro país. Mi país, ese que me queda lejos pero que siento, entiendo y me enorgullece en muchos sentidos, pero que me avergüenza en tantos otros. Y después, qué importa del después. La ciudadanía ya dirá mediante su voto qué rumbo tiene que seguir el país. Si queremos continuar con un modelo, o cambiar a otro. Yo ya sé que tipo de país quiero, y pienso que hay que trabajar en pos de eso. Trabajar y construir, nunca destruir, y que lo tengan bien en claro los destructores de siempre. No tenemos que olvidar que muchos de quienes hoy nos hablan de todo lo mal que está el país, fueron responsables o cómplices directos de su degradación total.
Y me vuelvo a mis libros angustiado, porque todavía no era tu momento Néstor. Porque todavía hay muchos frentes abiertos, y muchas batallas políticas que ganar. Confío en Cristina, porque en el fondo todos sabemos que la última palabra siempre la tiene el hombre y es “Sí, querida”. Y porque tiene cojones, y mucho mejor ubicados que muchos hombres del medio.
Los dejo, me despido de vos Néstor agradeciéndote las cosas buenas que hiciste y todavía recriminándote esas que hiciste mal, pero con la convicción de que dejaste un país mucho mejor del que recibiste cuando te pasaron el bastión. Y creyendo, convencido, de que un país no se arma en 4 u 8 años, así que espero que los que vengan estén a la altura de las circunstancias y cuando les llegue su turno, construyan siempre hacia arriba.
